Ce reportage met en exergue les sentiments de femmes Tangéroises vivant actuellement en Espagne. Marocaines d’origine et/ou espagnoles, elles ont en commun l’amour d’une ville qui les a toutes fascinées. Pour garder à ces témoignages leur pureté, ils sont publiés en langue espagnole.

Consuelo Hernández

Tánger, ¿real o soñada?
A Tánger llegué en septiembre de 1997. En Tánger viví durante seis años. Y salí de Tánger en el verano de 2003, con ella de la mano.
Me he preguntado muchas veces qué me ocurrió durante esos años tangerinos, en los que poco a poco fui viviendo un proceso de fusión con la ciudad, de tal calibre que difícilmente nadie ni nada podrá eliminarlo.
Cuando regreso a Tánger se me eleva el espíritu. Cuando recorro las calles, las plazas, los cafés, los alrededores de Cap Spartel… los siento como  parte de mis señas de identidad. Y comprendo mejor aún lo que escribía hace años al referirme a los temas que inspiran y han inspirado mi pintura:
“Las personas que me rodean, el mágico atardecer en un parque, una atenta y tranquila mirada al mar, infinito, sin límites…La masa de gente anónima que puebla las calles de una gran ciudad…..Edificios que muestran en sus muros el paso del tiempo o que destellan su esplendorosa modernidad…Seres y objetos del mundo en que habito y que, recreados en el lienzo, configuran ese otro universo propio, construido a mi manera, capaz de expresar un pretendido encuentro entre la realidad y el sueño”.

Pinto siempre lo que amo, y en Tánger encontré no sólo amor sino también mucha complicidad, no solo con las personas cercanas a mí, también en el diálogo mudo con los edificios del bulevar, con el Gran Teatro Cervantes, con las gentes y la plaza del Zoco Chico, con la mirada al mar finito del café Hafa.
Ahora, pasados más de veinte años de aquel flechazo tangerino, cuando me encuentro en la calle por donde camino con algún que otro tropiezo en adoquines que se mueven, dirijo la vista atrás, a derecha o a izquierda, para ignorar lo sucedido. O cuando voy en petit taxi que me lleva, a modo de paseo, por la preciosa  y verde circunvalación que separa la ciudad del mar, echo de menos aquellos entrañables chirinquitos playeros en los que se saboreaba no solo el té de menta o el zumo de naranja sino también el sabor a mar. Las ciudades cambian, evidentemente, están en movimiento, como los hombres. Pero es inevitable que la nostalgia del tiempo pasado se imponga en determinados momentos.
Tánger, el paraíso que se quiebra en verano, cuando la ciudad queda invadida por vehículos que van y vienen y que se imponen a la multitud, a los hombres, mujeres y niños que han de sortear como pueden el ruido imparable y la sórdida caravana de motores en enorme tensión.
Pero decido caminar y alejarme del bullicio para volver a mi estado de gracia tangerino; y reencontrarme con los bancales de Rmilat, o con el faro y las playas de Cap Spartel en donde puedo respirar hondo, sin sentido del tiempo ni de la prisa, sin el abatimiento ciudadano. Mientras, voy pisando arena batida con agua del Atlántico hasta el final de mi paseo y el comienzo de un nuevo encuentro en Le Mirage.

Mercedes Martin Santaella

TÁNGER, MI AMADA TÁNGER
TANGERINEANDO

En Tánger encontré una parte de mí que llevaba a un origen desconocido, a la investigación
histórica y local, al estudio, planos, lugares, libros, disfrutando cada momento, hasta llevarme
en 2006 a un hogar donde cantan los pájaros y hay horizonte. Un “déjà vu”, lo ya visto y vivido.
Tener una conexión e integración con la ciudad, con su pasado, su idiosincrasia, sus gentes,
algunos extraños expatriados, los viajeros pasajeros, los evadidos del mundo, la bohemia y la
memoria, mis musas, los lugares mágicos, los colores, los olores, el puerto, la ciudad
amurallada, el dariya, la comunicación no verbal, sus playas.
Sin usar el colonialismo fácil, el estético, sin vasallos, sin críticas ácidas, sin juicios ni perjuicios.
Tánger, una atracción amorosa, una evasión, fuente de inspiración, ese cielo, esa luz, y ese toque de impotencia temporal que desaparece con el viento chergui.
Me considero tangerina andalusí por mi relación con las dos orillas, tan lejos y tan cerca, por
elección propia porque pasados los años, una es de donde quiere, sencillamente. Inshallah.
No quiero escribir una reseña turística o desvelar mi agenda secreta tangerina, quiero
transmitir pasión y cierta añoranza poética. Bienvenidos.
Conservemos, con fervor y reivindicación, la esencia de Tánger, el patrimonio histórico y
cultural de la ciudad, preservando la naturaleza, el medioambiente, su especial arquitectura,
las flores, los bosques, la arena de las playas, la amabilidad y el saber estar de sus gentes, la
diversidad multilingüe.
Un crecimiento racional y sostenible, apartando barreras de cemento descontrolado y
decisiones institucionales ligeras.
Tanto por contar, tanto por salvar. Amada Tánger.

Lubna Benslimane

2020, lo impensable ocurrió, una pandemia “fantasma” hizo que se cerraron todas las fronteras físicas, y como muchos me quedé sin poder ver mis seres queridos, ni ir a Tánger de mi corazón.
La añoranza de Tanger, de mi tierra de origen, de esos recuerdos maravillosos, de nuestro barrio de la calle Jeanne d’Arc.
Nadie se sentía excluido, ni cristiano, ni judío en l’école Berchet… No tenía ningún sentido para nosotros, eramos hijos de todos y hermanos de todos.
Las tardes del sábado, eran “las citas mágicas”. El tan ansiado cine “matiné” en el cine Roxy con los bolsillos llenos de chuches. Era la felicidad absoluta.
Llegado el mes abril/mayo bajábamos corriendo el bulevar para acabar en las arenas doradas de la playa de Tánger, un auténtico Caribe.
Tánger despierta el recuerdo de un amor pasado, la alegría de la juventud, imágenes, sentimientos del pasado de un Tanger eterno…
Actualmente Tanger despierta otros sentimientos. El cambio radical de la ciudad ha hecho de ella es otra ciudad “moderna”.
Falta destacar una dejadez del centro de la ciudad y una tremenda falta de  mantenimiento.
Los cambios no siempre son acertados. Ha perdido su esencia y su encanto. La añoranza de “Madame Porte”, “el café Atlas” que desprendía un aire misterioso y sobretodo la torre emblemática del paseo marítimo, entre otras cosas, hace de ella otra ciudad.
En nuestra memoria y corazón quedará nuestra querida Tánger.

Soraya Zoubair

Tánger me vio nacer y crecer y ser la persona que soy ahora. En mi época de adolescencia eso eran los años 80&90, fue única. Cuando salía de estudiar en mi instituto severo Ochoa hacia mi casa por el Marshan, barrio más hermoso de la ciudad, vivíamos españoles, judíos, francés y demás nacionalidades en armonía y cordialidad.
Nos conocíamos los unos a los otros. Y nos reunimos en los mismos sitios. Las noches en Tánger eran y son mágicas, es la ciudad que nunca duerme, tiene vida de día y de noche. Cuando estoy en Tánger me siento rodeada de gente de gran corazón, respeto y amabilidad. Amo Tánger y la amare hasta el último día de mi vida, y ojalá el día que me tenga que morirme sea en mi ciudad y con mi gente.
Si tuviera que quedarme con algo de Tánger, sería su belleza, su magia, su Luz y sus atardeceres. Si tuviera que cambiar algo ahora, sería que fueran más tolerantes, igual que éramos y somos los tangerinos, y con seriedad en sus dichos como en sus hechos, al igual que nos educaron en nuestra época nuestros padres a nosotros.
Viva Tánger!! Viva los Tangerinos!

Ikram Elhlimi

Para mí Tánger es el origen de todo mi ser, es la ciudad donde he crecido, la ciudad que me permitió conocer a muchas culturas sin necesidad de viajar.
mi adolescencia en Tánger fue genial, con apenas 17años tenía amigos españoles, otros franceses, tangerinos como yo, cuyos padres y incluso abuelos seguían viviendo en Tánger.

La ciudad que me permitió aprender español sin moverme del sofá de mi casa, con todos los canales españoles que podíamos ver en la tele. El complejo de dawliz, las clases de inglés en el centro americano…
Cuándo podíamos quedar, pasear, ir al cine o a tomar algo y nos sentíamos seguros, no existían móviles ni ubicación compartida con nuestros padres.
Después de vivir 22 años en Barcelona sigo extrañando su aroma, procuro visitarla al menos dos veces al año, aunque ya no es lo que era. Sobretodo extraño la seguridad en sus calles.

Carmen Garcia

Nací en Tánger, la ciudad más bonita del mundo para mi, francamente, no creo que sea solo pasión, es bonita y privilegiada natural y geograficamente, en ese punto estratégico entre dos continentes. Lo tiene todo, sus playas, sus paisajes, su clima, que podria yo decir!

Aqui he vivido, hasta mis días, años maravillosos. Los tangerinos hemos podido disfrutar de esa mezcla de culturas que enriquecen tanto y que nos ha hecho ciudadanos del mundo, podemos presumir de eso y de mil cosas más, no tendria suficiente papel para expresar el agradecimiento y orgullo que siento por esta preciosa tierra.

Mi niñez fué maravillosa. Nací en el Charf, recuerdo que eramos todos los vecinos una gran familia, siempre habia una ocasión para reunirnos y celebrar algún acontecimiento, bodas, bautizos, cumpleaños o simplemente una merienda era motivo para estar juntos. En casa de un tangerino nos enseñaron a que si yo tengo un pan y tu no tienes nada, ambos tenemos medio pan, esa generosidad de aquella época sigue intacta en nuestros días. No hay hogar más hospitalario que el de un marroquí, desde la persona más humilde hasta la más acomodada comparten contigo lo que haya en su mesa.
En estas reuniones soliamos coincidir vecinos de todas las nacionalidades y religiones, y todos recibiamos el mismo trato de cariño y respeto.
En mi colegio e Instituto tuve la misma suerte, estudiabamos chicos y chicas de varias nacionalidades y actualmente hemos seguido conservando ese cariño que con los años se ha hecho incluso más fuerte.

No tendria papel para expresar el agradecimiento a esta preciosa tierra y de lo orgullosa que estoy de ella. Ha cambiado.
Este es nuestro Tánger, la ciudad más cosmopolita y maravillosa del mundo, en la que nací, he vivido y seguiré viviendo hasta que Dios lo quiera. Siempre en mi corazón.

Africa Iria O’Neill

Nací en Tánger, soy por tanto hispano-marroquí, allí crecí y viví hasta los 15 años. Fue y es para mí mi tierra, una parte muy importante de mi vida, me fluye por la sangre. Allí viví momentos muy importantes y significativos, son los que han marcado siempre mi vida. Nos enseñaron a convivir con distintas religiones y nacionalidades, con mucho respeto. Celebrábamos todas las fiestas, una ciudad multinacional. Teníamos amigos, lo mismo marroquís, que hindúes, franceses, hebreos, italianos, belgas, por supuesto, españoles, con los que compartíamos clases, vecindad, que juegos. Tánger fue única.
Aunque hoy siguen viviendo muchas nacionalidades, ya no es lo mismo.
Las navidades que viví en Tànger, ya no son las mismas, aquellas eran un conjunto de maravillosos grupos donde nos uníamos todos a cantar y celebrarlas por sus calles y de casa en casa…de ahí, nochebuena de españioles, zac, zac, zac.
Fue una época dorada, donde teníamos una forma de vivir mucho más adelantada a Europa, donde disfrutábamos de una mentalidad muy abierta. Que las chicas llevaban sus nimifaldas y total libertad.
Aunque nos tuvimos que venir, lo más duro que nos pasó, pues en nada fue lo que era allí, no he dejado de ir. Con solo pisar el puerto, siento como mi ser recibe una fuente de energía, de alegría, que me dice, estás en tu casa, estás en tu Tánger.

Fuimos también la generación traumatizada, al tener que dejar atrás nuestra amadísima Tánger.
Hoy, lo que menos me gusta de Tànger es que se me trate de turista, no por sus gentes, que me quieren como una hija de Tánger, que es lo que somos todos los nacidos allí, por las autoridades marroquís. No voy de turismo, voy a mi tierra, la que  me vió nacer, crecer y a la que he vuelto toda mi vida.
Tampoco me gusta ver como tantas cosas, de gran símbolo tangerino, se tiran abajo, como fue la torreta de la playa. Pienso que la tenían que haber reformado. Pienso que es lógico que cambiasen la mayoría de los nombres de sus calles, pero podían haber puesto debajo de los actuales, los antiguos. En fin, conservar un poquito su esencia de una ciudad internacional que fue.

María Cristina Diego

Hace  26 años que fui a Tanger, fue en el año 1996, y la verdad se me cayó el alma al suelo, lo vi totalmente abandonado, muy sucio, con malos olores, un desastre. Actualmente no sé cómo estará, pero según leo, está superpoblado, las infraestructuras mal, la limpieza regular, el tráfico un verdadero caos, y el tema de los animales abandonados es también un problema, sobre todo los gatos, porque los hay por miles, ya hubo algún problema de rabia ahí, y la persona murió. Cuando yo estaba allí, me tuvieron que poner 40 inyecciones de la rabia en el Instituto Pasteur. Y otra cosa muy importante, la Seguridad Ciudadana, porque hay mucha gente que molesta al Turismo. Ojalá que tomen nota por el bien de todos.