Abdelkhalek Najmi

El punto más llamativo, entre otros, del resultado de las últimas elecciones generales españolas del 10 N es la irrupción de la extrema derecha en dichos comicios, representada por el partido Vox, que obtuvo casi 3.7 millones de votos y 52 diputados. Algunos marroquíes vieron con cierta preocupación e incertidumbre esta “victoria”, sobre todo en cuanto a la inmigración y la propuesta de construir un muro en Ceuta y Melilla para poner fin a la inmigración y combatir la amenaza de los islamistas- según Vox- que aplican la sharía en algunos barrios españoles.

    Durante la última década, las relaciones bilaterales entre Marruecos y España han sido muy buenas, incluso según algunos expertos, están viviendo sus mejores momentos a lo largo de la historia reciente. Esta buena sintonía se nota en varios sectores: en materia de seguridad, inmigración, comercio, pesca y sobre todo a nivel político y económico.

     El mismo presidente del Gobierno español en funciones, Pedro Sánchez, afirmó en su artículo de opinión publicado por El País el 30 de julio pasado: “España mira a Marruecos como un país hermano y socio estratégico de primer orden. Juntos compartimos prosperidad y seguridad. Y favorecemos decididamente la estabilidad en el Mediterráneo occidental. Apoyamos a Marruecos en sus relaciones con la Unión Europea y proyectaremos el dinamismo de los intercambios económicos, sociales y culturales de nuestras sociedades en todos los ámbitos.”

      Actualmente, España ha superado a Francia como principal socio comercial de Marruecos y este último es ya el segundo cliente de España fuera de la Unión Europa, sólo está superado por Estados Unidos. Eso está permitiendo a empresas y a profesionales españoles de distintos sectores buscar oportunidades en este país, y viceversa.

        A pesar del buen momento entre los dos países y sobre todo en cuanto a la visión geopolítica en la región, aún falta mucho por hacer en el plano social y humano. Lamentablemente, existe hasta ahora, a pesar de la historia y geografía que unen a ambos países y la irrupción de las redes sociales y medios de comunicación digitales, hay un desconocimiento mutuo colosal entre ambos pueblos, que se extiende incluso a sus elites. A nivel político – me refiero a los gobiernos- parece que hemos superado los malentendidos y la desconfianza que se nutren de la falta de conocimiento del “otro”.

       Hace falta más colaboración a nivel asociativo, cultural y sobre todo educativo; un intercambio universitario entre ambos países facilitará un entendimiento y provocará un mayor acercamiento entre ambos pueblos vecinos. Sí que hay iniciativas a ambas orillas, pero son básicamente individuales y no cuentan con un apoyo institucional fuerte. Creemos que ya es el momento de ambos países para que consoliden aún más sus relaciones sociales y universitarias para acabar con los estereotipos y tópicos.

        Ante una voluntad insistente de ambos gobiernos, la extrema derecha no tendrá otra alternativa que moderar su discurso. Evidentemente, cuando está en la oposición, no es lo mismo cuando está en el Gobierno. Cuando un partido está en el Gobierno hay otros factores que entran en juego, tenemos el ejemplo de Podemos, era muy crítico con la Constitución española, pero ahora que ya casi en gobierno ha cambiado su discurso.

          Vox aprovecha algunos errores de la política migratoria española y en vez de aportar soluciones, lo que hace es criticar a Marruecos –su líder afirmó que se debería construir un muro fronterizo entre Ceuta y Melilla para poner fin a la inmigración-. Según el INE, la mayoría de los inmigrantes irregulares no entran por Ceuta y Melilla sino por otras vías.

         Últimamente, ha surgido el tema de los Menores Extranjeros No Acompañados (MENA), es un tema que el Gobierno español y las comunidades autónomas deberán resolverlo, ya que la gestión de ambas partes a este fenómeno no es el adecuado, ya que los niños no acompañados crecen en los centros y al cumplir 18 años salen a la calle, uno con esa edad sin trabajo, sin vivienda, sin futuro y muchas veces sin papeles cae en la desesperación y puede coquetear con la delincuencia, consumir o traficar con drogas y cometer tonterías. Algunos partidos políticos aprovechan la delincuencia de estos menores y criminalizan a la inmigración. Creemos que ya es el momento para que España replantee este tema para que estos partidos dejen de utilizar el tema de inmigración como el caballo de Troya.

        Ya es el momento para que España y Marruecos fomenten aún más sus relaciones culturales y sociales, a la altura de las económicas, comerciales y en materia de seguridad e inmigración para que las dos sociedades se conozcan más y se dejen de una vez por todas, estos estereotipos históricos sobre ambos países. Gobierne quien gobierne en España o Marruecos, derecha, izquierda o centro, por cuestiones históricas, estratégicas y geopolíticas, ambos reinos están condenados a entenderse.