Mustafa Akalay Nasser

Últimamente algunos nostálgicos del Tánger beat, mitifican y anhelan convertirla en una ciudad literaria, sentados en confortables poltronas, viviendo en compartimentos estancos sin fusionarse con la población local compuesta por indígenas, despreciándola y ninguneándola.

La Fátima si no es una criada es bruja como Cherifa compañera antaño de la escritora atormentada y anejada mental Jane Auer que acabo con sus huesos y cojera  en el cementerio de Málaga. El sumun del descaro es que algún aprendiz a cronista oficial de la ciudad boquerón ejerciendo de embaucador se explaya en las redes sociales hablando de escritora malagueña, calcando en eso al estado francés espoliador del arte africano e de identidades ajenas a lo largo de este siglo, y que tiene la pericia de apropiarse sin desfachatez a  los ilustres de otras nacionalidades como Emile Zola, Picasso entre otros y Zidane el de La Cabilia Argelina,Thuram el de Las Antillas Francesas, futbolistas producto de la inmigración de esa selección diversa Black, Blanc, Beur ganadora por primera vez del mundial de 1998, una especie de mini naciones unidas del futbol.

Estos tangerinos blancos de nuevo cuño caso de Seneca Guigou, Rodrigo de Guatepeor, Piero Pausini, Arturo Comanche escriben sus inutilidades o infumables escritos, masturbando la mente de los nostálgicos de un tiempo remoto que ya no existe, como decía  Mohamed Choukri sus pajas mentales, es el nuevo orientalismo de pacotilla, Se publican entre ellos y para quedar bien y gestionar la diversidad dan la palabra a algún Árabe de servicio. 

Este Tánger colonizado literariamente por Bowles, Burroughs,Capote, que añoran hoy los nuevos seguidores  de esta generación beat e intentan imitar hasta el mimetismo, fue analizado de manera magistral por Marie-Haude Caraes  y Jean Fernandez en un infalible libro :Tánger o la deriva literaria, ensayo que no tiene desperdicio y no deja títere con cabeza. 

“En este pasado siglo veinte, Tánger ha ejercido particular atracción sobre numerosos escritores extranjeros que pasaron por la ciudad o que vivieron parte de su vida en ella. Tantos han sido aquéllos que se puede hablar de “colonización literaria”, según la expresión acuñada por Marie-Haude Caraës y Jean Fernández en su ensayo “Tánger o la deriva literaria, ensayo sobre la colonización literaria de un lugar: Barthes, Bowles, Burroughs, Capote, Genet, Morand”, colonización no violenta pero con efectos perversos puesto que contribuyó en cierta medida a la negación de la identidad propia de la ciudad y a la elaboración de un mito literario en el cual aquélla aparece como abierta y cosmopolita, como lugar de todos los posibles. En la mayoría de las obras escritas en Tánger, la ciudad en si no interesa pese a que está erigida en lugar iniciático, especie de finisterrae al que el escritor acude en busca de la revelación de su propio ser. La ciudad –espejismo- funciona como pantalla neutra que proyecta un yo desconocido y a veces inconfesable. El encuentro de la ciudad con el autor se podría cifrar en la fórmula: “yo y la ciudad” como lo corroboran los numerosos textos autobiográficos que se producen en el puerto internacional…” (Marie-Haude Caraës et Jean Fernández, 2002). 

El mismísimo Mohamed Choukri, años atrás también denuncio esta farsa o mascarade literaria neorientalista, al publicar en junio de 1996, un texto de memorias en árabe sobre Paul Bowles y su destierro en Tánger, en el que Choukri haciéndose pasar por, Edward Said desarrolla una crítica radical contra el orientalismo como discurso construido por el líder de “la Beat Generation Bowles. Discurso a su vez que ha fracasado como instrumento de poder que sostiene la empresa del colonialismo y el paternalismo. La imagen de oriente, en este caso Tánger, está compuesta por fragmentos intertextuales, superpuestos como un filtro, es una figura construida, no un yo verdadero. 

Detrás del exotismo cuántas veces no hay otra cosa que racismo más algo de lírica. Debajo de esa palabra, un mundo sometido, un zoológico a reconstruir, a definir. Otras disciplinas colaborarán a ello, serán inventadas prácticamente en el mismo marco y juego, piénsese en una antropología definiendo al primitivo, al salvaje o al bárbaro unida a la historia. El orientalismo no es más que el estilo y discurso occidental para dominar a oriente según Edward Said.” (Fernando Wulff)

Oriente ya no es -nunca lo fue- esa heteropía soñada por los pintores del XIX y del XX que en busca de nuevos horizontes, de nuevas sensaciones, se desplazaban a este entorno geográfico llamado Oriente y concretamente el mundo musulmán. Pero Oriente, no es sólo una cartografía del deseo de alteridad, radical, sexual, cognitiva, literaria, religiosa, etc.… es también una cartografía real: sus problemas son los problemas del resto del mundo. Se expresan en términos y cuestiones relacionados con lo religioso y la difícil cuestión de la identidad cultural.

En palabras de Choukri: Los escritores y poetas de la generación beat, que se desplazaron a Tánger imitando al recluso Bowles, nunca se familiarizaron con el entorno diario y las huellas que dejaron en la ciudad se reducen a un puñado de fotografías, cuanta gente ha venido a escribir y no ha escrito ni una línea y pintores que se han sumido en una perdición sin retratar a nadie ni acaso llegaron a mezclar los colores, se han dedicado a satisfacer sus fantasías sexuales, en colonizar sexualmente los cuerpos. Para quienes iban a Tánger aquello era un paraíso sexual o mejor dicho un prostíbulo y lo sabían. Había una doble amoralidad. Allí no era condenable ser un pedófilo. El concepto de violación no existía porque se consideraba que el hombre blanco tenía derecho a poseer el cuerpo de un menor. Tánger era un inmenso burdel como lo fue la Habana de Batista para los norteamericanos.

Atrapado en una sociedad cuyos valores morales y burgueses, le dan asco y le repugnan, no duda en denunciar los principales problemas que acechan a Marruecos a través de la descripción que padece Tánger decía: “no añorar en absoluto el mito creado en torno a esa ciudad cosmopolita y lugar de cita de intelectuales y artistas porque en esa época él pasaba hambre y dormía en los cementerios. No siento ninguna nostalgia del Tánger internacional”

[La ciudad inspira y ha inspirado incontables figuras narrativas. Suscita todo un gran flujo de imágenes, múltiples, y a veces paradójicas, exaltando su enigma y su misterio. Por espacio de más de tres decenios se han tejido enunciados y relatos, textos, libros, películas que expresan el rapto y el disgusto, el asombro y la angustia, el temor, la traición, la perdición, el peligro y el mito, o el sueño de un sitio personal, íntimo y, al tiempo, fantasmático. …La invención literaria siempre esquiva la vida real de los tangerinos, sus problemas y participación en la historia concreta de su país y de su ciudad…] (Véase Mohamed Métalsi: Tánger, suerte e infortunio de una ciudad. Abada editores, 2019. 

“Estos “turistas del alma”- en la justa expresión de Métérié-que acuden menos al país a la busca del otro que a la mera busca de sí mismos, y que imaginan más que ven Marruecos, lo sueñan   más que lo describen”.(Guy Degas).

Según Marie – Haude Caraes y Jean Fernández: “El colonialismo mundano enloquecía en las desviaciones y perversiones a que se entregan los sentidos, la utilización mera del otro percibido como mercancía. Tras la sangrienta matanza practicada en la guerra del Rif, una vez sometido el árabe, se procederá a utilizarlo siempre y de los modos más diversos: toda clase de tráficos, drogas, fiestas, toda clase de trivialización, viene a formar parte de la Villa”.

 Choukri escribiría a este respecto: “Entre todos aquellos que han hablado de Tánger o han escrito sobre ella, muchos no han visto sino sus quimeras, su gusto por la vida regalada, sus fantasmas, en suma. Tánger para ellos no es sino un lupanar, una playa muy bella o una mansión de lujo y de reposo.”

Murió con 68 años, como Jean Genet, dejó el cadáver de un señor mucho mayor. A su entierro en el cementerio de al Marshán acudió la Tánger menos convencional. Los amigos fueron a despedir a un gran escritor. También acudieron los que suelen aprovechar cualquier ocasión para hacerse notar, pero no tuvieron nada que hacer. Quienes ansiaban protagonismo entre plañideros o llorosos encontraron el silencio.

Cuando el féretro se aproximó a la fosa, sólo se escuchó: ¡adiós Choukri! y ahí acabó todo. El homenaje más breve que cabía imaginar para una vida colmada de excesos.

Una existencia de resaca permanente ahogada en alcohol, que supo sin embargo encontrar el significado de la lucidez. Así lo atestiguan muchas de sus frases predilectas, como “he comprado mi hambre” o “soy el enano de mí mismo”.

Más allá del personaje que algunos quisieron explotar obviando su escritura, la verdadera genialidad de Choukri brilló siempre en los antros o bares, en compañía de sus fieles lectores y admiradores, que nunca le permitieron un resbalón. Extraño espíritu indómito, coherente con sí mismo y transgresor hasta la muerte. Con él:” Tánger se ha vuelto a morir.”